Andrea Bargnani, entre la eterna promesa y el fracaso definitivo


La llegada de Andrea Bargnani a Toronto Raptors supuso una gran inyección de moral para uno equipo muy joven y que buscaba, de la mano de hombres como Chris Bosh, Calderón o el propio Bargnani, asomar la cabeza entre las posiciones importantes de la NBA. Siete temporadas después de la llegada del italiano a los Raptors, el bagaje es de solo dos participaciones en los Playoff, para más inri durante las dos primeras temporadas de Bargnani en el equipo.

¿El nuevo Dirk Nowitzki?

El alero o ala-pivot italiano llegaba a la franquicia canadiense como el nuevo Dirk Nowitzki, el Turkoglu particular de Toronto, el prototipo de jugador europeo que tanto gusta en la NBA, alto, capaz de correr y con buena mano desde el perímetro, capaz de crear peligro tanto dentro como fuera de la zona. Efectivamente, Andrea pronto comenzó a demostrar que era un buen anotador, o más bien un anotador de rachas.

Durante las dos primeras temporadas en Toronto, con el equipo en Playoffs y Bargnani jugando alrededor de 20-25 minutos por partido, las esperanzas de ver a ese supuesto gran jugador seguían intactas. Sus cifras anotadoras eran buenas, pero su participación en el juego del equipo y en otros apartados no dejaba de ser testimonial. Muchos apuntaban a la inmadurez del jugador y aseguraban que iría puliendo esos defectos. Engañados o, quizá queriendo creer dichas palabras, los Raptors le ofrecieron en 2009 un contrato por 5 años y 50 millones de dólares.

Toronto Raptors pierden las esperanzas en Bargnani


Ahora, 3 años después, no creo que haya ni una sola persona en Toronto que no reconozca que se han equivocado. Bargnani se ha quedado estancado. Es exactamente el mismo jugador que llegó a la NBA allá por 2006.

Y es que el principal problema de Andrea Bargnani es su mentalidad. Es un jugador demasiado blando, que carece de la mentalidad necesaria para ser ya no un ganador, sino el líder de un equipo. Sus estadísticas así lo demuestran, especialmente en los Playoff de 2007 y 2008. Allí, cuando más lo necesitaba su equipo, Bargnani se destapó con actuaciones vergonzosas (sólo 8 puntos de media en Playoffs frente a los 15 en temporada regular).

Efectivamente, a lo largo de su carrera NBA, Bargnani ha promediado 15.4 puntos, un dato bastante destacable si no fuera porque su promedio a los 36 minutos es prácticamente idéntico a cuando debutó. Pero lo que realmente llama la atención de Bargnani son sus datos de rebotes y asistencias, que le confirman como un jugador inoperante bajo los tableros pese a sus 2.13 y nulo en la aportación ofensiva al equipo cuando no se trata de jugarse lanzamientos lejanos.

Como decimos, Bargnani sigue esta temporada con cifras ridículas en el apartado de rebotes (4.2 por partido) y más aún en lo que se refiere a asistencias, superando de milagro la asistencia por partido. Eso es un bagaje muy pobre aunque estemos hablando de un tirador. Un tirador que desaprovecha su envergadura para ser un jugador más completo. Pero aún hay más, incluso sus datos respecto a tapones y robos han empeorado desde su temporada de debut.

Y ojo, porque los que afirmen que Bargnani es un tirador, que su función no es crear juego y bla bla bla, deberían echarle un vistazo a sus porcentajes de tiro, especialmente en triples, donde el año pasado rondó el 25% y este año supera a duras penas el 30%. La cosa parece estar clara. A Bargnani se la ha pasado el arroz. La eterna promesa ya es un consolidado fracaso.

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