Blake Griffin: ¿Cyborg o humano?


Blake Griffin está de moda. Tiene todo lo que debe tener un jugador de la NBA para triunfar. Carácter, chulería, una potencia física descomunal y el apoyo de buena parte de la prensa. Pero, ¿es realmente Blake Griffin el gran jugador que muchos afirman, más allá de aparecer siempre colgándose del aro en los “Top Ten”? Sus números dicen que es un gran jugador y que aporta noche tras noche a su equipo. En cambio, si nos fijamos un poco más a fondo en sus estadísticas, las dudas acechan.

No hay que olvidar que Griffin sufrió una grave lesión tras ser elegido por Los Angeles Clippers como número 1 del Draft, que le mantuvo más de un año apartado de los terrenos de juego. Su fuerza física, por tanto, es sólo comparable a su fuerza de voluntad, eso no se puede negar.

Sus espectaculares mates y sus estadísticas (20,6 puntos y 10,9 rebotes por partido) dicen de él que es un gran jugador. Sus fundamentos, sus porcentajes y su individualismo, indican todo lo contrario. Lo cierto es que Griffin no es un buen lanzador, ni un buen jugador de equipo. Apenas pasa del 50% en el lanzamiento de tiros libres, un porcentaje paupérrimo, promedia un escandaloso 14% en triples y apenas da 3 asistencias por partido.

El jugador de los Clippers suma seguidores y detractores a partes iguales. Blake Griffin lo tiene difícil para seguir manteniendo contentos a los amantes de los brincos si quiere convertirse en un buen jugador NBA de verdad. Si no, parece que está condenado a soportar las críticas de los que dicen que no es más que un nuevo producto, una nueva moda, un nuevo globo hinchado y que pase el siguiente, producto de la sociedad del sensacionalismo y de los ídolos de medio pelo en la que vivimos.

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