El Hack-a-Shaq: entre lo ético, lo legal y lo deportivo


Dentro del mundo del deporte hay quien considera que para ganar se debe jugar al límite del reglamento. Los grandes estrategas dedican horas y horas a estudiar a su rival o buscar resquicios del reglamento para descubrir ese agujero negro, un vacío legal que les permita sacar esa mínima ventaja que en ocasiones puede suponer la diferencia entre la victoria y la derrota.

El baloncesto no escapa tampoco a este tipo de tácticas, evidentemente. Hace poco hablábamos del Trash talk de Reggie Miller o Kevin Garnett y hoy vamos a hacerlo sobre el Hack-a-Shaq. ¿Qué es el Hack-a-Shaq? Muchos ya lo sabréis pero profundicemos más sobre esta “táctica defensiva”.

¿Qué es el Hack-a-Shaq?

El Hack-a-Shaq es una táctica defensiva consistente en hacer reiteradas faltas al peor lanzador de tiros libres del equipo rival. Normalmente estos suelen ser los hombres altos del equipo contrario, por lo que el Hack-a-Shaq desactiva puede desactivar el juego interior del equipo contrario al evitar los puntos en la zona a base de faltas que en muy pocas ocasiones se traducen en canastas desde la línea de tiros libres.

Orígenes del Hack-a-Shaq


Como su propio nombre indica, el Hack-a-Shaq fue una acción inventada para frenar el poderío imparable de Shaquille O´neal. Se dice que fue en 1999, época en la que O´neal militaba en Los Angeles Lakers, cuando el pívot comenzó a sufrir esta especie de acoso. Fue en un partido contra Portland Trail Blazers y su entrenador por aquellos tiempos, Mike Dunleavy, queda como el promotor de la ahora discutida táctica.

Curiosamente fueron los Lakers y O´neal el equipo objeto del inicio del Hack-a-Shaq, una práctica de la cual ahora son los propios Lakers y Dwight Howard las principales víctimas.

Entre lo ético, lo moral y lo deportivo

Es evidente que no existe ninguna regla que prohiba el Hack-a-Shaq. Por tanto, muchos opinarán que si está dentro de la legalidad es totalmente lícito y, por tanto, si es legal y lícito es también ético y deportivo. Pero también sabemos que la diferencia entre lo legal y lo ético es en ocasiones muy difusa y en esta ocasión esa diferencia tampoco está muy clara.


Es cierto que los equipos buscan todas las maneras de frenar al contrario y que es lógico hacer faltas a quienes peor porcentaje de tiros libres tengan, pero también es cierto que en el pasado se modificaron normas que daban excesiva ventaja a determinados jugadores, por ejemplo los tres segundos en la zona. La famosa regla de los tres segundos o la “regla Mikan” fueron normas que se impusieron para mermar la superioridad de los pivots en la zona, de la misma manera que el Hack-a-Shaq mutila aún más el poder de los hombres interiores. Conclusión, los pívots están cada vez más desprotegidos.

Por tanto, el Hack-a-Shaq es legal sólo porque una norma lo dice, lo cual no quiere decir que entre dentro de lo ético, ni mucho menos dentro de lo deportivo en una liga, la NBA, que se jacta de tener un código interno entre jugadores que no debiera de permitir este tipo de acciones.

¿Quiere decir esto que haya que cambiar la norma? No podemos mojarnos tanto, pero lo que sí sabemos es que se “podría” modificar la norma. Por ejemplo, sancionando más duramente una segunda falta consecutiva al mismo jugador contrario, o permitiendo que a la segunda falta consecutiva al mismo jugador fuese el mejor lanzador del equipo el que tirase los tiros libres.

Tampoco podemos dejar de ver el reverso negativo del Hack-a-Shaq y es que el equipo contrario se puede cargar a faltas. Solo decimos que, de la misma manera que hace años se modificaron normas en base a criterios de igualdad y ética deportiva, el Hack-a-Shaq merma la capacidad de un jugador en ocasiones de tal manera que podría pensarse en actuar al respecto. El propio Shaquille O´neal acabó desquiciado una de las primeras veces que sufrió el Hack-a-Shaq: terminó siendo expulsado tras dos técnicas y un balonazo a Jermaine O´neal.

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