Los Ángeles Lakers dicen adiós al anillo


Se acabó la historia. La temporada de Los Ángeles Lakers ha tocado a su fin tras caer eliminados en el 5º partido de las semifinales de Conferencia ante Oklahoma City Thunder. Los angelinos se van a casa en la misma ronda que el año pasado, en una derrota que va a traer más consecuencias que la simple (por decirlo de alguna manera) eliminación. Los Lakers son un equipo viejo, cansado, y sin rumbo, que sobrevive a duras penas gracias al talento individual de sus tres jugadores principales.

Kobe Bryant, Pau Gasol y Andrew Bynum han sujetado al equipo mientras fue posible, en temporada regular y contra equipos inferiores. Pero a la hora de la verdad, en los Playoffs, aparecen las verdaderas carencias de un equipo sin ningún tipo de dirección; ni en el campo, ni en el vestuario.

Kobe Bryant se puede decir que lo ha hecho bien, más o menos como todo el año, pero desde luego, con sus 33 años, no parece el jugador que marcaba diferencias con el resto. Es un gran jugador, sin más, pero al que los Lakers echan mucho de menos cuando no está, ante la falta de alternativas. Bynum es un buen jugador, y ha firmado una buena temporada, pero no está, ni estará nunca para ser un jugador franquicia.

Mike Brown ha estado pésimo en la dirección de un equipo al que ha otorgado un carácter eminentemente defensivo, con un sistema que ha anulado en ataque a Pau Gasol. El entrenador angelino nunca ha sabido encontrar las respuestas a los problemas del equipo, quizá porque tenía poca cosa de dónde tirar en el banquillo.

Para terminar de dar la puntilla, el cambio de Derek Fisher por Sessions no ha elevado el nivel de juego del equipo, víctima de un base incapaz de dar una asistencia. Y por otro lado está Metta World Peace. Él y Fisher hacían el trabajo en la sombra; el base, con su experiencia, escogiendo buenas opciones en momentos clave; World Peace, con su agresividad, intimidación e incluso con una capacidad de anotación que parece haber perdido totalmente.

El caso es que los Lakers son un equipo convulso, con una estrella que supera de largo la treintena, con jugadores clave a disgusto en el equipo (Gasol), con nula dirección técnica y con un banquillo que a duras penas daría el nivel para la ACB. Si no cambian mucho las cosas, esta temporada incluso nos parecerá buena, viendo lo que puede ocurrir en la franquicia el próximo año.

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