Supersticiones de las estrellas de la NBA


Las grandes estrellas de la NBA son tipos que, a pesar de su indudable clase, no lo fían todo a su calidad. No señor. Muchos, al igual que otro tipo de deportistas, son presa de supersticiones, manías y rituales varios, en pos de conseguir esa suerte, esa inspiración, esa ayuda divina que les lleve a lo más alto. Algunas manías no dejan de ser pequeñas supersticiones, o simples gestos que ayudan a las estrellas de la NBA a coger confianza. Otros jugadores llegan a hacer auténticas locuras o, si por algún casual no siguen su rutina habitual, se desmoronan completamente y son incapaces de rendir a su nivel.

En las finales NBA 2012 pudimos ver cómo Lebron James llevaba un protector en su mandíbula con el número 16 en números romanos. El 16 no es sino el número de partidos que hay que ganar para llegar a ser campeón. Y lo consiguió. Las supersticiones de King James no llegan únicamente hasta ahí pues todos sabemos también el show que monta antes de cada partido, aunque eso es más parafernalia que otra cosa.

El año pasado, otro jugador de los a la postre campeones Dallas Mavericks, Jason Terry, se tatuó el trofeo en su brazo para poder verlo y desearlo todos los días; también come pollo antes de cada partido, lleva 5 pares de calcetines y duerme el día anterior con los pantalones del equipo rival puestos. Casi ná. Otros, como el jugador de Chicago Bulls Richard Hamilton, no parecen tener tanta suerte a pesar de sus rituales. El escolta luce una máscara desde que fue campeón en 2004 con Detroit Pistons porque cree que le dará suerte, pero nunca ha vuelto a ser campeón.


El considerado mejor jugador de la historia del baloncesto tampoco escapaba de estas manías. Michael Jordan tenía varias supersticiones, una de ellas era llevar siempre unos shorts de la Universidad de Carolina del Norte, donde se había formado, bajo sus pantalones de los Chicago Bulls. Aparte, Jordan hizo que se anulara la decisión de retirar la camiseta con el número 23 con su nombre, ya que quería volver a jugar con ella. Quizá más un gesto de nostalgia que de superstición.

Wilt Chamberlain, otro de los mejores jugadores de la historia, llevaba siempre una muñequera. El recién arrestado Jason Kidd sigue un ritual cuando lanza a canasta tiros libres que incluye el lanzamiento de besitos a canasta.

Otros, muchos, centran sus supersticiones en las prendas, sobre todo en los dorsales. El alero-escolta Vince Carter lleva jugando con el número 15 toda su vida. Gilbert Arenas jugó un tiempo con el 0 porque le dijeron que eran los minutos que iba a jugar. Otros llevan dorsales como homenaje, por ejemplo Tracy McGrady y Gilbert Arenas vistieron en Orlando Magic el dorsal número 1 como homenaje a Afernee Hardaway.

Otros niegan que su comportamiento se deba a superstición alguna. Es el caso del mejor 6º hombre de la NBA, el jugador de Oklahoma City Thuner, James Harden, a quien le preguntaron si su decisión de no cortarse la barba desde que llegó a Oklahoma respondía a algún tipo de superstición, a lo que él respondió: No, creo que la barba me luce muy bien.


Sin embargo, uno de los que se llevan la palma, sin lugar a dudas, es el excéntrico Gilbert Arenas, que incluso ha ideado la Gilbertología, un modo de vida plagado de ritos y supersticiones que podrían dar lugar por ellas solas a un artículo de lo más extenso. Entre sus supersticiones durante los partidos destacan: cambiarse los calcetines en la segunda parte si juega mal, usar sólo un balón en el entrenamiento previo, aparcar siempre en el mismo sitio antes del partido, vestirse en el mismo orden, escuchar la misma música…y una larga lista a la que se le añaden incluso darse duchas vestido en pleno descanso del partido.

Seguro que esta es sólo una pequeña muestra. El caso es que ni los deportistas de elite escapan a las supersticiones, y es que… ¿quién sabe qué hubiera pasado si no se te hubieran olvidado tus calcetines de la suerte?

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